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Nuestra mala educación hídrica

En esta oportunidad vuelvo con un trabajo publicado por el diario mendocino Los Andes (Argentina) en su versión online, donde se toca el tema de lo descuidados que somos en el cuidado de nuestros recursos hídricos.

No es un tema viejo, es algo que se viene hablando desde hace tiempo. En realidad pienso que no le prestamos atención porque muchos de los que leemos estas líneas tenemos la dicha de vivir en una zona donde se dispone del recurso vital con el girar de una perilla o llave de paso. Pero existen decenas de miles de otros que darían todo por un poco de agua potable para vivir.

El artículo fue realizado por Mason Inman de National Geographic News © 2010

Río contaminado - Espuma provocada por detergente y aguas servidas en Río Tieté en la ciudad de Pirapora, cerca de Sao Paulo, Brasil. Foto de Mauricio Simonetti. Fuente: gettyimages

Ochenta por ciento de las reservas mundiales de agua, en peligro

La biodiversidad en los ríos y nuestra seguridad hídrica están en serios problemas, según un extenso estudio de vías fluviales dado a conocer la semana pasada. Casi 80% de las fuentes de agua de la humanidad está en riesgo, y dos tercios de los hábitats ribereños del mundo. Los puntos críticos de preocupación incluyen casi toda Europa, el subcontinente indio, el este de China, el sur de México y el este de las Rocallosas en EEUU.

Pese a todos los presagios negativos, los expertos afirman que talvez haya esperanza de restaurar los ríos y asegurar las necesidades futuras de agua de las ciudades, campos de cultivo, producción energética, industria -y los ecosistemas- “trabajando con la naturaleza”.

“Nosotros, como sociedad global, estamos cuidando muy mal nuestros recursos hídricos”, dice Peter McIntyre, codirector del sondeo y zoólogo de la Universidad de Wisconsin, Madison.

Los ríos, pantanos, lagos, y la vida que depende de éstos, corren riesgo en todo el mundo debido a una variedad de presiones, incluyendo el uso exagerado de agua, contaminación, introducción de especies exóticas y sobre pesca, según el nuevo estudio, publicado en la revista Nature.

La investigación traza todas estas presiones y más de veinte adicionales; es el primer mapa detallado de las amenazas para la seguridad acuífera humana y la biodiversidad ribereña.

Recurriendo a la fuente

“Vemos ríos de muchas partes del mundo entrando en crisis”, señala Charles Vorosmarty, co líder del estudio e investigador hidráulico del City College de Nueva York, ubicado en esa ciudad.

“Siempre que hay densidades sustanciales de gente, siempre que hay tierras de cultivo sustanciales, y siempre que hay intensa industrialización, ahí es precisamente donde encontramos problemas”, destaca.

La raíz de muchos de ellos yace en el lugar de residencia escogido por la gente. “Nos asentamos en sitios realmente peligrosos, como deltas costeros o terrenos aluviales”, considera Vorosmarty.

Para proteger a la gente que vive ahí, “requerimos cuidado y atención constante en términos de ingeniería, para construir diques cada vez más altos, por ejemplo”, acota.

Según el nuevo informe publicado en Nature, las fuentes de agua soportan las mayores presiones en muchos de los terrenos aluviales y deltas del mundo, incluyendo el río Yangtsé, donde China ha construido una represa, y a lo largo del río paquistaní Indus, donde inundaciones devastadoras recientemente desalojaron a millones de personas.

Junto con la gente de todos estos pueblos y ciudades viene la necesidad de alimentarlos. Un problema importante es que la gente literalmente está desecando los ríos para garantizar una oferta confiable del elemento para la agricultura, según los autores del informe.

“Muchos arroyos y tierras aluviales alguna vez permanentes ahora están secos casi todo el año porque han sido sepultados o son víctima de la reingeniería para propósitos humanos”, escribe Margaret Palmer, bióloga de la Universidad de Maryland, en un comentario también publicado por Nature.

Muchos países en desarrollo siguen la misma ruta tomada por los países desarrollados hace más de 100 años, afirma Vorosmarty, haciendo referencia a las muchas veces complejas y caras obras de ingeniería como presas, reservas, canales de irrigación, diques, túneles y oleoductos utilizados para controlar, desviar y distribuir agua.

“Es la visión del siglo XX” de que podemos “tapar un problema con concreto y cañerías”, considera.

Sin embargo, advirtió, muchos países en desarrollo no tienen ni el dinero ni la energía para seguir este camino por mucho tiempo.

Restaurando ríos

Hay formas de “trabajar con la naturaleza para evitar que surjan problemas”, considera Vorosmarty. “Se podría decir que una fluida onza de prevención vale un galón de curas”.

Los proyectos que “trabajan con la naturaleza” e intentan restaurar flujos más naturales pueden ayudar a aliviar las presiones sobre los ríos y mejorar la calidad del agua, sostiene el nuevo estudio.

La mayoría de los esfuerzos de restauración de ríos se ha registrado en los países más ricos, con apenas éxito limitado, subraya McIntyre.

“Los intentos por restaurar algunas de las funciones naturales de los ríos y arroyos cuestan una pequeña fortuna”, destaca, “y únicamente logrará restaurarlas parcialmente, en la mayoría de los casos”, considera.

Pero hay algunos casos exitosos, como el río Misisipí. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército y los gerentes hidráulicos locales de Luisiana han comenzado a dejar que el río inunde los campos adyacentes, como lo hacía antes que se generalizara la construcción de diques luego de la devastadora inundación de 1927.

De esta forma, esos campos sirven “como grandes absorbedores de impactos para evitar daños (e inundaciones) río abajo”, donde las ciudades, y no las tierras de cultivo, corren riesgo, considera Vorosmarty.

Otro caso exitoso es la fuente de agua de la Ciudad de Nueva York, que se ha mantenido limpia -a relativamente bajo costo- protegiendo los bosques y demás tierras de las cuencas que alimentan la Gran Manzana.

Los bosques ayudan a filtrar el agua y mantienen firme el suelo, evitando que mucho sedimento se deslave, lo que a su vez mantiene más limpias las reservas que nutren a la Ciudad de Nueva York.

“La Ciudad de Nueva York se ahorró miles de millones de dólares” en costo de tratamiento de agua, precisa Vorosmarty, garantizando que la tierra río arriba pudiera seguir nutriendo agua limpia, un “servicio gratuito del ecosistema”.

McIntyre señala proyectos similares actuales en Bogotá, la capital colombiana, y en otras ciudades suramericanas.

Robin Abell, biólogo conservacionista del Fondo Mundial de Vida Salvaje, afirma que aunque los esfuerzos de preservación son “bastante promisorios, los casos de conservación de ríos son raros, típicamente a escala local, y muchas veces resultan de grandes inversiones”.

“Seguimos luchando por encontrar estrategias que puedan hacer una diferencia importante para la biodiversidad del agua dulce”, agrega.

Por Mason Inman – National Geographic News © 2010


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